Una vez mas quedó demostrado que internet no facilita las cosas, de hecho, las empeoró. Si no nos hubiésemos conectado justo a esa hora, los planetas no se hubiesen alineado, el sol hubiese salido más temprano y Doña Alicia no hubiese cerrado el kiosko, nada de esto hubiese sido casi real. Llegamos a un punto verdaderamente alto y satisfactorio, casi real.
Quizá nuestra historia fue escrita antes, cuando se construyó la torre de Babel y recién estamos leyendo las primeras páginas...o trístemente las últimas. Lo cierto o incierto es que esto es lo que siempre fuimos...una mentira verdadera, un amor tan cobarde, una amistad basada en la desconfianza y una guerra estúpida de celos a kilómetros de distancia.
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Acordes desafinados